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Existe la creencia de que existen puntos geomagnéticos de energía procedentes del núcleo de la Tierra. Estos lugares, llamados puntos telúricos, son singulares en la capa protectora magnética que nos protege del viento solar, un flujo de partículas de alta energía que nos envía el Sol.

La magnetosfera no sólo nos protege de los efectos dañinos del viento solar, sino porque dominan muchos aspectos de la vida del planeta. Por ejemplo, muchos animales utilizan este campo para guiarse en sus viajes. Nosotros también lo hacemos, con las brújulas, que utilizan este magnetismo.

El término telúrico proviene del latín tellūs, que significa Tierra. Una corriente telúrica es una corriente eléctrica que se mueve bajo tierra o a través del océano. Tienen una muy baja frecuencia, y corren muy cerca de la superficie terrestre. Son inducidas por variaciones naturales en el campo magnético terrestre, en interacción con el viento solar y la magnetósfera.

Desde la antigüedad, existía la creencia que atribuía a los puntos telúricos poderes especiales, incluso desde un punto de vista esotérico se creía que podrían permitir que se viaje entre ellos de forma instantánea. En cada sitio sagrado, se suponía que existía una puerta hacia el conocimiento sagrado y la catálisis de intercambio energético, recibiendo energía de luz del sitio.

Algunos de los puntos con una energía telúrica especial fueron descubiertos y utilizados por nuestros antepasados, que los consideraron sagrados, construyendo templos sobre los mismos. Algunos de los más conocidos son Stonehenge y Chichen Itzá.

En España, Felipe II fue un gran estudioso de los puntos telúricos. En el Escorial existe una piedra tallada conocida como “silla de Felipe II”, supuestamente fue mandada construir por el monarca para controlar la marcha de las obras del monasterio de El Escorial. En realidad, Felipe II conocía el enclave energético y le gustaba visitar el lugar.

Fue precisamente Felipe II el que concedió salvaguardia real al Santuario de la Virgen de la Salud en 1555, tras visitarlo en varias ocasiones y comprobar la energía singular del lugar. Desde entonces, el santuario fue visitado por ilustres personalidades como Felipe IV, Cervantes y los Borgia, que aportaron dinero para conseguir tener mayor influencia en el lugar.